martes, 18 de abril de 2017

Loreto Sesma.

Ambos sabemos que el movimiento del viento es la danza de la ciudad,
y tú pensabas que vanidad lo que escondía entre los pliegues de mi falda.

Me decías:
"Deja de buscar poetas que le escriban a tus piernas con el alba,
niña, no le pidas más versos,
si no quieres besos
que te calen el alma,
no me lleves esa flor dentro
si no quieres que el viento
te levante la falda".

Y cuando llegaba hecha polvo me decías:
"te pienso arrancar la ropa".

Y tiró tanto que se llevó también el corazón,
con razón éramos amantes de las ruinas,
que cuando estábamos en un pozo sin fondo,
en lugar de morder el polvo,
nos lo echábamos.

Ahora paso por esa plaza en la que está escrito:
"Porque sueño no estoy loco"
Y yo pienso en lo poco
que sueñas tú conmigo.
Ya he dado la vuelta a tu cuerpo en ochenta días,
y ahora me da por pensar cuando decías
que lo único que dura siempre son los recuerdos.

Qué triste es todo desde que no estás.

Desde que me echas de tu vida
y me miras como la culpable de este desastre,
desde que no soy tu sastre de sonrisas.
Desde que no veo la tuya,
me he dado cuenta de que
las sonrisas
son
risas
que se pronuncian en silencio.

Joder, lo siento.

No era mi intención atraparte en un verso,
en convertirte en mi universo,
en desear darte un beso cada mañana,
en querer verte dormir aquí.

Siento desear tan fuerte que arda todo el asfalto que hay entre tú y yo.
"cómo odio pelearme con la razón",
-me dice el corazón todas las noches-
"ojalá entendiera que esto es un caso de amor o muerte",
-me repite-.

Cómo le explico ahora yo a él,
que a partir de ahora su función no es más que bombear sangre,
que tú ya no estás,
que ya no tiene que quererte.

Tendría que haber tratado de olvidarte,
tendría que haberte dicho
que ya no quería que me sacaras a bailar,
que yo lo que quería era que me invitaras al baile de tus caderas en frenesí,
al sí quiero, romper todos los miedos que encarcelan mi vida.

Que si me daban a elegir,
me quedaba con tu boca.
Ahora es cuando toca ser fuerte,
mirarte de frente y decirte
que a veces querer es dejar ir,
es morir
para que otro viva.

Y ahora dime si vas a buscar esta sonrisa en otras bocas,
si vas a besar su cuello como me besabas a mí,
si vas a tener miedo a perderla como yo tuve miedo de perderte a ti,
si me buscarás entre los pliegues de tus sábanas después de correrte con ella
con la esperanza de encontrarme ahí y poder arrancarme un abrazo.

Enamórate y quiere a quien venga,
pero
no
te
olvides
de
mí.

Escríbeme una carta de despedida,
dime que soy lo peor que ha pasado por tu vida,
que yo te seguiré diciendo:

Un placer haberte perdido, el dolor va a seguir siendo mío.

3 comentarios:

Recaída.

Creía que no pasaría nada, esta vez sería inmune. Tenía todo controlado, no me iba a hacer daño, ninguno de los dos iba a sufrir. ...