Salvavidas.

Creí ser un ángel,
llevarte volando
a todo aquel lugar
que tu corazón quisiera.

Pretendía extender mis plumas,
por tí,
a pesar del dolor que causa
cada movimiento
en esta espalda encorvada.

Quería hacerte feliz,
cuando ni siquiera yo sabía
que se sentía al sonreír.

Y es imposible,
-irremediable-
enseñar algo
que nunca has aprendido.

Quizá por eso te alejaste,
por no ser suficiente,
por el daño que te hice,
-irreparable-
por no ser nunca
tu chica afable.

Y en un momento loco,
pero loco de maniatar,
quise saltar para salvarte.

Y salté, para saber si realmente
los ángeles pueden volar,
pero me equivoqué,
ni yo era un ángel,
ni tenía alas.

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