miércoles, 7 de junio de 2017

Despedida.

A gritos silenciosos,
pido tu compañía.
Con lágrimas en los ojos,
escribo esta poesía.

Ya ni ilustro mi arte,
quien reina es mi dolor.

Las ganas de continuar
son impalpables.

Entre tanta gente,
camino en soledad.
-Amor, ¿por qué ya no estás?

El dolor pasa a ser furia,
ganas incontrolables de venganza,
desmesurado el rencor
que por mi cuerpo corre,
sed insaciable de cariño
y un vacío tan grande
como un puto agujero negro.

Dicen que,
los escritores de verdad,
la felicidad nunca alcanzan...
y yo lloro todos los días.

Perdóname por no aguantar
los latigazos
que la vida daba
hasta ponerte de rodillas;


pero cariño,
te necesitaba para levantarme.

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